Un post de arturo durán

Con muy pocas excepciones (Joaquín Lavin, Jaime Ravinet) el gabinete presentado no cuenta con experiencia política sustantiva. Este rasgo puede afectar el primer año del nuevo gobierno – tiempo que puede tomar el ‘rodaje’ del equipo formado por Sebastián Piñera, el paso desde la academia/empresa al gobierno: es probable que este primer año sea algo débil desde el punto de vista del impacto del nuevo gobierno en la marcha del país si se tiene en mente el nivel alcanzado por el equipo de gobierno de la presidenta Michelle Bachelet. El ánimo fundacional que deja ver Piñera y algunos futuros ministros puede dificultar aún más la gobernabilidad inicial. Por otro lado, las dos figuras políticas (Lavín, Ravinet) tienen en común haber perdido en recientes campañas electorales - a senador el primero y a la alcaldía de Santiago el segundo. Son, en cierta manera, políticos problemáticos.

Si no cabe duda acerca de la ‘excelencia’ académica o profesional de los futuros ministros, los comentarios destacan y/o critican – fortalezas y debilidades políticas más evidentes del nuevo equipo. Hacen ver su cultura empresarial, académica (y religiosa - provienen en su mayoría de la U. Católica) – lo que apunta a que se trata de una verdadera élite menos diversa de lo que parece.

En esa perspectiva no debiera sorprender la selección del nuevo Ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Moreno, con experiencia en el área privada de comercio internacional. Plantea una interrogante en torno al entendimiento político que tiene el futuro presidente de los principales desafíos pendientes en la Cancillería y al tipo de política exterior que pondrá en movimiento frente a la demanda marítima de Perú y la agenda con Bolivia. La impresionante presión política que ejercen sobre Chile distintos sectores políticos del Perú y el presidente Alan García – que terminó por afectar las relaciones con la presidenta Bachelet – no cederá por el sólo cambio de gobierno, puesto que no se trata de un asunto personal más allá de que por ahora la prensa limeña se congratule por Sebastián Piñera. Un cambio en la política general hacia Perú, aún si continua las políticas del país ya  en curso en La Haya, sería un evento mayor. Dar prioridad a los negocios con Perú a pesar del diferendo en curso, como parece indicar esta perspectiva (ahora que, por lo demás, el TC de Perú rechazó la demanda contra el TLC), podría entrampar aún más ese complejo conflicto en sordina.

La composición general de este gabinete es, a grandes rasgos, manifestación y extensión de las características del presidente electo: proyecta una visión económico-empresarial de la política – lo que no es lo mismo que una visión integral de estadista. No supera, con este gabinete, su visión profundamente empresarial del mundo de la política. Tal vez cuatro años de presidencia hagan de Sebastián Piñera un hombre de Estado, transformando al gran financierista que ha sido hasta hoy. Pero por ahora su gabinete no refleja esa dimensión política. La valla que deja Michelle Bachelet es muy alta y hará de referencia al nuevo gobierno por lo menos durante este primer año.

Entre los diversos aspectos que surgen de los análisis en curso – destaca también el tema de la unidad (nacional) con el que se justifican nombramientos – como el de Jaime Ravinet (ahora ex Concertacionista y ex DC) de ministro de defensa. Los llamados a la futura oposición a colaborar es un tema que llama a malentendido. Denota un entendimiento singular del funcionamiento de la democracia representativa – de rasgo autoritario: que llama a la oposición a desistir de su función en democracia. Trasluce inseguridad temprana del presidente electo en cuanto al rol de la oposición – ahora que la derecha estará en el gobierno.

Joaquín Lavín, futuro ministro de educación, acepta un desafío frente a un universo donde logros y fracasos están a la vista tras la abolición de la LOCE y la inefectiva entrada en vigencia de la Ley General de Educación. Sus recientes antecesores/as concertacionistas han terminado mal y está por verse si es que Lavín logra revertir la tendencia, burlar al destino y modernizar el ministerio de educación. De la educación pre-escolar a la universitaria, el ámbito de Lavín reúne un universo de varios millones de escolares, estudiantes, docentes y administrativos. Por su participación en la comisión para reforma educacional, a la que fue nombrado por Michelle Bachelet, Lavín tiene ya un pre-estudio de la situación que sólo requiere actualizar. Pero allí, en ese universo estudiantil creciente, permanecen más de medio millón de alumnos, tal vez casi un millón, cautivos y casi olvidados, víctimas de una legislación que los dejó en manos de corporaciones municipales absolutamente sobrepasadas por los tiempos modernos y con escuelas del pasado; es el ámbito de la educación pública municipalizada, de reconocido atraso cognitivo. ¿Qué hará Lavín? ¿Los evitará también? ¿O impulsará leyes que permitan al Estado retomar esa iniciativa abandonada por la dictadura y así, ahora, ante el hito bicentenario, rompa con el círculo vicioso de la pobreza arraigado en la escuela?

La gran promesa de campaña de Sebastián Piñera – es la creación de empleo. La respuesta hasta acá ha sido fácil – bastaría doblar el crecimiento para generar aquel millón de empleos prometidos para estos cuatro años de presidencial. Al mismo tiempo, la política económica se propone fomentar un incremento de la productividad. Es una apuesta que en algún momento puede resultar paradójica, si se tiene en mente que el país no cuenta con una institución dedicada a la creación de empleo.